Nunca tanto como hoy ha sido necesaria la participación de la comunidad en todos los aspectos de la vida pública, y en particular en aquellos relacionados con la promoción de su propia salud, incluyendo los procesos de la enfermedad crónica, avanzada o en el final de la vida.
En la sociedad de la información, la capacidad de empoderamiento y participación de cada individuo se ve reforzada, así como su potencial aportación a la comunidad de la que forma parte. El ciudadano reclama una mayor responsabilidad en las áreas clave de su vida, y busca modos de articular eficazmente esa voluntad de contribución.

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