La gestión de la agenda al final de la vida

En circunstancias normales, nuestras agendas están llenas de actividades en el transcurrir del día. Prácticamente durante toda la jornada estamos ocupado con alguna actividad, y eso nos define y nos da valor e incluso sentido a la vida que llevamos.

Cuando una persona entra en un estadio de enfermedad terminal, de repente cambia radicalmente tanto su agenda como las prioridades y la relación con el tiempo en sí mismo.

Un enfermo terminal está más en contacto con todo lo referente a soltar, a dejar ir, la salud, la frescura, el dinamismo, los seres queridos, las actividades que antes hacia regularmente, la propia vida incluso. Quien ha conseguido arreglar los temas pragmáticos antes de todo ello, cuenta con cierta liviandad a la hora de darse el espacio para soltar.

Las citas que tiene un paciente terminal suelen ser de orden médico, pruebas, visitas, etc… y en algunos casos puede ser también de gran actividad, entre unas pruebas y las siguientes, entre unos análisis y los demás.

Es por ello importante saber gestionar la agenda del paciente como para que tenga suficiente espacio para dedicarlo a reflexionar sobre su vida, despedirse de sus seres queridos, escribir o al menos expresar lo que está sintiendo, prepararse desde la calma a los momentos finales.

Existen pacientes que eligen conscientemente tener una frenética actividad de ocupación, bien sea en la casa o en el hospital, con tal de no pensar, de no afrontar desde otro lugar más profundo la cercanía de la muerte y sus propios miedos.

Estos mecanismos de auto defensa, son plenamente legítimos, y tienen que ser respetados si son expresados así por el paciente, pero también es bueno descargar al paciente de citas para, si es de su deseo, poder mirar a su entorno, a su vida, con una mirada retrospectiva, en la cual pueda darse en algún momento algo similar a la aceptación, lo cual conlleva a la disminución del sufrimiento.

Los seres cercanos seguirán teniendo su agenda tan llena o vacía como cuando el paciente estaba sano, la vida antes existía y la vida continuará, al menos en el aspecto de gestión de citas, de compromisos. Es por ello que cabe reflexionar si no sería posible durante el periodo del acompañamiento reducir algunas de esas citas de la agenda, ralentizar el ritmo, definir y priorizar lo que es importante de lo que no, y aligerar esa agenda que permita un acompañamiento más profundo y sentido al ser cercano.

La agenda más adelante continuará y de hecho cobrará un gran valor a la hora de crear firmes estructuras de apoyo cuando el ser querido ya no esté.

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