Vivir con esperanza

La esperanza es una de las cualidades fundamentales que tiene el ser humano, una cualidad que sirve para dar aliento en muchas situaciones difíciles.

Cuando nos acostamos por la noche, convivimos con la esperanza de que al día siguiente la vida continuará con su abanico de posibilidades.

La esperanza es un principio de vida, una actitud que acompaña durante la mayor parte del ciclo vital. Permite mirar hacia adelante con un cierto grado de confianza de que la continuidad de la misma será aceptable, incluso mejor.

Un enfermo terminal tiene el mismo derecho a la esperanza y a soñar con una situación como mínimo llevadera. La esperanza ayuda a un enfermo terminal a gestionar mejor la evolución de enfermedad a lo largo de jornada. Muchas veces son esos estados esperanzadores los que permiten sostener los miedos e incertidumbres que van emergiendo.

A veces es un estado que se renueva día a día, con pequeñas, inmediatas metas, como la confiar seguir sin dolor hasta al menos el día siguiente.

En general los enfermos terminales cuentan con unas dosis inusitadas de esperanza que aplican en los momentos difíciles en la evolución de la enfermedad. El paciente se agarra a lo que pueda para seguir confiando, y ahí da igual si sus esperanzas son fundadas o forman parte de un imaginario irreal.

El paciente tiene derecho a ver la realidad tal como es, valorar la situación con dosis realistas, pero a su vez tiene el mismo derecho que cualquier otra persona a tener esperanzas y confiar en una mejora de su cuadro, aunque sea mínima.

Aunque es importante tener una visión realista de la situación para no tapar lo inevitable cuando es así, conviene plantearse una serie de preguntas uno mismo al respecto antes de entrar en contacto con el paciente:

¿Cuándo tiene la esperanza sentido y es realista? ¿Cuándo lleva el punto en el que ya no tiene sentido invitar al paciente a soltar expectativas de mejora? ¿Quién decide sobre ello? ¿Qué pide la obligación de información? ¿Qué pide la realidad? ¿Y la compasión por el ser querido?

Las respuestas serán con toda probabilidad variables, según el momento y la situación de cada paciente,  de su relación con la esperanza en sí misma y las propias necesidades del paciente de gestionar la realidad.

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