Un día cualquiera, sin saber por qué ni cómo, te encuentras cara a cara con un código de barras al lado de tu nombre y una fecha de caducidad… que es la tuya. 

Suele ocurrir tras un dolor que ya dura demasiado, tras una analítica de rutina en la que alguien con una bata blanca y cara seria quiere indagar más, tras una mamografía de control, tras cualquier cambio en tus hábitos normales, tras una temporada en la que te encuentras más cansado o adelgazas sin motivo aparente (será el estrés, este ritmo de vida endiablado) … o tras nada en particular. 

Entonces ocurre que el horizonte se acerca, las distancias se acortan, se pierde la perspectiva, se difuminan los colores y predomina el blanco y negro, el reloj pierde horas, lo que antes era el mañana viene a ser esta misma tarde, lo postergado es una pesada mochila sobre los hombros, los sueños se convierten de repente en cuadros pintados sobre la pared en los que tú ya nunca estarás. 

Tus rutinas, tus quejosas rutinas diarias, se convierten en, como dice Serrat, “nada más amado que lo que perdí”… y ahora te das cuenta! El tiempo perdido quedará bajo la almohada. Y el porvenir convertido en deseos inertes, envueltos en brillantes lágrimas, pequeños diamantes ya sin valor. 

La gente caminará a tu lado sin saber nada sobre la pesadilla que estás viviendo, seguirán a lo suyo como siempre… y tú a lo tuyo. Serás como un cuerpo envasado al vacío con la etiqueta de perdurable y, si aún tienes menos suerte, con una pegatina amarilla que indica caducidad próxima. 

A mí, a ti, a él o a ella. Todos jugamos a vivir… y a morir, sin duda alguna. 

Por eso hoy es hoy, y yo SOY y ESTOY. Y tú ERES y ESTÁS. Basta para ser feliz ¿o no? 

Valorar el presente, las rutinas, el tiempo que estamos con otros o el que estamos solos, valorar lo que queremos y sentimos, no dejar pasar la vida, vivirla en la sencillez del momento o con la complejidad de ciertas situaciones, apreciar el sentido de cada vida y saber que nos aproximamos a un final que tiene todo el sentido, para la vida que es vivida con consciencia. 

Marisa De la Rica

Enfermera de Cuidados Paliativos. Profesora Univ. de Zaragoza

Presidenta AECPAL y Vicepresidenta de SECPAL.

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