Transformar los pensamientos duros

Aunque es importante dar espacios a las emociones que emerjan, bien sean de rabia, llanto, dolor, miedo, también existe la posibilidad o alternativa de acoger ciertos pensamientos destructivos y convertirlos en algo natural, despojándoles de su intensidad exacerbada.

En sí mismos, los pensamientos son neutrales, sólo cuando se les acompaña con una emoción, generan una sensación determinada. Si además se le añade un componente cualitativo, dando más valor a unos que a otros, llegamos a unas sensaciones que nos gustan más y otras menos, es decir les hemos otorgado juicios de valor.

Es cierto que perder a una persona cercana es algo duro, doloroso. Pero también es cierto que existe una frágil franja emocional por la cual el que acompaña al enfermo puede elegir instalarse en la tragedia, en lo que apena, o por el contrario, trabajar internamente la aceptación de la situación y tratar de ver todo lo que se está desplegando como algo real pero sin más carga añadida de la que la misma situación contiene.

Hay personas que expresan cierta belleza de los últimos momentos acompañando a un ser querido. Eso no es sinónimo de falta de cariño, exceso de neutralidad o distancia, si no más bien, haber sido capaces en algún momento del proceso en adentrarse en esa grieta desde la cual se puede elegir traducir todo lo que está sucediendo como un drama doloroso o como una posibilidad de crecimiento, de maduración, de contacto con el que se va, desde el cariño, la madurez y la compasión.

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