Propuestas para mejorar la relación con la gestión de la muerte

  1. En lugar de visualizar constantemente en mundo audiovisual a personas que mueren en peleas, guerras y demás, y ver ese tipo de muerte mucho más literaria e irreal de lo que es, dedicar tiempo a visitar a enfermos terminales, a personas ancianas, acompañar en hospitales, a hablar con ellos, escucharles y aprender de ellos.
  2. Darse cuenta que en general un paciente terminal, antes o después, sabe, se da cuenta de que está en un proceso final, sin marcha atrás. Por lo tanto ser conscientes de la verdadera situación, ponerle nombre y no solo desear que fuera de otra manera, aceptar la situación de que la muerte existe, tal como es.
  3. Aceptar que a muchos enfermos terminales les asusta morir, que no quieren morir. Acompañarles en esa lucha interna con la muerte, aceptar que puede costar aceptar la situación.
  4. Darse cuenta de la montaña rusa emocional que vive el paciente terminal, vadeando entre esperanza y desasosiego, según vaya evolucionando la enfermedad. Permitirles esa ambivalencia, y el derecho a la inquietud, al miedo y a la esperanza.
  5. Poner sinceridad en el proceso, mostrarles que la situación no nos es indiferente, que nos afecta su situación, y si es necesario y lo pide la situación, compartir la queja, la esperanza y el dolor.
  6. Darse cuenta que tanto el personal médico como el factor económico tienen sus limitaciones y su ámbito de actuación. Que el acompañamiento personalizado, cercano abre puertas a poder soltar, a cerrar ciclos, a partir de una forma acompañada y cercana, rodeado de personal médico, pero también y sobre todo de personal familiar.
  7. Confiar en que el personal médico está cada vez más formado en el cuidado paliativo y en el tratamiento cercano con el enfermo terminal y su entorno.
  8. Buscar cada vez cumplir el deseo de gran parte de la población de morir en casa, lo cual es posible en la mayoría de casos, por lo cual favorecer la logística que lo permita tanto a nivel de gestión práctica, como legal y emocional.
  9. Como alternativa apoyar los trabajos de instituciones de cuidados paliativos, que si bien van creciendo, queda mucho aun por hacer, dado que aun donde mayormente se fallece es en hospitales, en un entorno que no favorece las necesidades de despedida y cierre tanto del enfermo como de sus familiares.
  10. Poner en valor las necesidades que un enfermo terminal tiene en cuanto a sus dudas, fragilidad. Pongamos de nuestra parte para que no sean apartados de la sociedad en ese proceso, sino que sean lo que son, parte de la vida.