Mundo moderno, Judaísmo, Cristianismo, Islamismo, Hinduismo, Budismo y Taoismo.

La relación con la muerte y el duelo juegan un papel fundamental en prácticamente todas las religiones y tradiciones espirituales del planeta. Esto es debido en gran parte a la obviedad de la existencia de la muerte, de la necesidad de dotar de una lógica a lo desconocido que sucede tras el cese de la vida y a la necesidad de dar un sentido desde lo más sagrado tanto a los fallecimientos como a los posibles escenarios con los que se puede uno encontrar después.
La mayoría de estos planteamientos presentan una creencia de un tipo de vida, de una forma u otra, tras la muerte. En el Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, que tienen su origen en Abraham, este escenario ofrece una especie de recompensa o castigo en base a los modos actuación de vida vividos, acordes a los valores de cada culto, mientras que en religiones más orientalistas, como el Budismo y el Hinduismo, este premio o punición se plantea en forma de una nueva “oportunidad”, o reencarnación.
Cuando existe esa “esperanza“ de una mejor calidad de vida más allá de la muerte en base a méritos conquistados, ésta condiciona en gran medida la propia relación con la muerte, dependiendo de cómo cada individuo ha llevado su vida. La idea principal de las diversas religiones es con ello mostrar aclarar cómo funciona el vivir (y el morir), para dotar a ambos de un sentido más profundo. En esta búsqueda de sentido sí que se diferencian los diversos caminos que proponen las principales tradiciones, incluida la sociedad moderna.

LA MUERTE EN LA SOCIEDAD MODERNA

En una sociedad enfocada a la ganancia, en gran medida, de corte material, y mantener una juventud más allá de la edad natural, no sorprende que la muerte sea un apartado incomodo de mirar. Es normal que observemos la muerte con cierto temor e incluso rechazo. Cuesta respetar e integrar en la vida los duelos internos y externos de las personas que han sufrido una pérdida. En una sociedad que quiere mantenerse eternamente joven, en la que preocupa envejecer, tanto a hombres como a mujeres, es fácil entender que la muerte sea un capítulo al que no se quiera dar mucho espacio, ni en observación ni en conversación ni en enfoque. Igual que resulta incomodo hablar o mantener el silencio, hablar de la muerte como parte de la vida es un tema de conversación que cuesta encarar.

En muchos casos la sociedad moderna ve la muerte, más que como una pérdida, como un fracaso. Esto puede estar relacionado con el hecho de que la muerte arrasa con todo lo que se ha querido acumular durante el existir: poder, reputación, reconocimiento, dinero, estudios, elementos materiales e inmateriales.
La muerte tira todo lo acumulado por la borda. Quien muere deja atrás toda su influencia, su posición social, sus conocimientos. Y no solo no se puede llevar nada de todo ello consigo, sino que incluso no tiene potestad para decidir que sucede con ello una vez defenestrado (profundizaremos un poco más al respecto en otro tema).
Es por ello que desde el culto de la sociedad moderna civilizada se intente mantener el halo de vida el mayor tiempo posible, tratando de frenar o incluso controlar el proceso de envejecimiento y la consiguiente muerte. En la lista de enfermedades peligrosas, como sida y cáncer, está incluida en el mismo nivel, como una enfermedad más en esta lista negra, el proceso de envejecimiento y su resultado natural, la muerte.
Otro motivo de rechazo del proceso mortuorio, es que cuando lo observamos en un ser cercano, es un intenso y contundente recordatorio de la propia muerte, por lo que no mirar es una opción pasajera que se filtra en nuestro inconsciente. Cuando sin embargo le damos ese espacio al que está en proceso de envejecimiento, de muerte, aceptamos nuestro claro destino físico, nuestros potenciales y limitaciones, cuando miramos a la muerte de cara, damos espacio al otro a vivir con intensidad su propio duelo, y a nosotros a trazar un puente entre una mejor calidad de muerte y una mejor calidad de vida.

LA MUERTE EN LAS RELIGIONES

LA MUERTE EN EL JUDAISMO

El judaísmo es la tradición más antigua dentro del grupo abramahico, y predecesor de las otras dos, el cristianismo y el islamismo. A diferencia de otras religiones, el judaísmo no quiere expandirse mediante las misiones, si no que trata de una relación directa entre el individuo y Dios.

La vida tras la muerte en el Judaísmo

La vida tras la muerte en el judaísmo está lleno de imágenes algo confusas, aunque algunas escrituras sagradas hablan del Mundo Venidero (olam ha-ba) En ese nuevo mundo vendría un mesías, a restablecer una vida sagrada. Los rabinos hablan de una resurrección de muertos, que sucederá en esa venida.

El judaísmo cree que suceden tres diversas posibilidades con el alma, una vez fallecido el cuerpo:

  1. El alma espera a la aparición del mesías. Entonces se volverán a unificar los cuerpos con las almas, siempre y cuando superen el Juicio Final.
  2. El alma se queda en el cuerpo hasta que éste sea enterrado, que es cuando mediante un ritual de purificación, el alma se separa del cuerpo.
  3. El alma se pudre con el cuerpo.

Como se puede observar, la aclaración de lo que sucede tras vida, es en el Judaísmo es un tanto nebulosa. Esta religión pone mucha más atención en una serie de preceptos, obligaciones y tareas a seguir durante la vida para sanar así al mundo (tikkum ha-olam). Mediante esta conducta de derecho, se mejoraría la ansiada relación con Dios, y se contaría por lo tanto, con una buena vida y una buena muerte.

El duelo en la tradición judaica

Los duelos judaicos están repletos de rituales, el honrar al fallecido y cuidar de los que están en duelo está incluso reflejado como uno de los principales preceptos judaicos.
No se hace duelo formal cuando el fallecido es un bebé con menos de 30 días, cuando muere un individuo que se ha convertido al judaísmo procedente de otra religión o cuando se ha cometido suicidio, aunque aquí decide el rabino  si las circunstancias emocionales del suicida le hacían no ser consciente de su acto. Tampoco se hace un duelo cuando falta el cadáver, hasta que se le declara fallecido, o cuando este es incinerado o es colocado en un mausoleo en lugar de ser enterrado bajo tierra.

Los pasos en el duelo judaico

Aninut: Es el espacio temporal que sucede entre la muerte del ser querido y su entierro, que tiene que suceder de la forma más inmediata posible, siempre que no sea Sabbat o día festivo. Tras la muerte el cuerpo es lavado de forma ritual por miembros de una agrupación especial denominada Chevra Kadisha, que se puede traducir como “Sociedad Sagrada” que se encargan a su vez de velar el cadáver.
Generalmente el rito de entierro es sencillo, conformado por oraciones, salmos, y unas palabras hacia el ser querido. Todo ello sin decoración floral, encargándose los familiares de donar, en lugar de las flores, dinero a instituciones caritativas. Personas no judías pueden participar en el culto funerario, pero no en el entierro. Todos los hombres, judíos o no, tienen que cubrir su cabeza en señal de respeto. Esta fase del rito está reservada a la familia más cercana, a la cual se le concede el espacio para estar en sí misma, sin atender a muestras de apoyo o sociales del entorno. No reciben ni se emiten muestras de condolencias en esta fase.

Schiwa: Este término quiere decir siete, y representa los siete días posteriores al entierro del fallecido. En este tiempo se retiran todos los espejos de la casa, la familia se toma una fase de reposo, se reducen a un mínimo los cuidados corporales, se rechaza afeitarse y cortarse el pelo. Los tres primeros días la familia se encuentra sola, entre ellos, y no reciben ningún tipo devisita. Tras estos días la familia se “sienta” en casa, y recibe de esta forma las diversas muestras de condolencia de amigos, familiares lejanos y compañeros de trabajo. Estos suelen traer algo de comer a los familiares allegados, y no saludan al llegar, si no que esperan que el o los familiares se acerquen a entablar la conversación. Para señalizar que la fase Schiwa finaliza, por lo general, se acomete un acto que anteriormente estaba prohibido, como cortar el pelo, estudiar la Torah (los cinco primeros libros de la Biblia) o hacer un intenso ruido, como por ejemplo clavar un clavo en la pared.

Scheloschim: Son los 30 días subsiguientes, en los que oficialmente se finaliza la época de duelo, menos para los padres del fallecido que mantienen un duelo de 11 meses. Durante este tiempo se reza y menciona en las oraciones por el difunto en la sinagoga de forma semanal.

Aniversario: En la fecha del primer aniversario se enciende una vela por el difunto, se reza en la sinagoga y los familiares hacen donativos para instituciones caritativas.

Más allá del primer aniversario, cuando los seres cercanos visitan el lugar del enterramiento, depositan una piedra como testigo de su presencia.

LA MUERTE EN EL CRISTIANISMO

El cristianismo tiene su origen en el judaísmo, que era la religión en la que se crió su fundador, Jesús de Nazaret, lo cual marca en gran medida su futura evolución. Dado que también se cree en la venida de un mesías, el Cristo, que fue anunciado por las anteriores escrituras. La segunda venida del Cristo reestablecería el nuevo mundo judaico, olam ha-ba, con resurrección de los muertos y el juicio final, pasos previos para entrar en un universo paraísico.
A diferencia del judaísmo, el cristianismo si que propugna la difusión de sus doctrinas por el mundo, debido a que cuenta la suya como la única auténtica religión.

El sentido de vida cristiano

Los cristianos creen que mediante la fe en Jesucristo se puede alcanzar una vida eterna, en la cual se reestablecerían los cuerpos y serían recompensados por una vida modélica. Hay algunas contradicciones ya que según las escrituras, no está claro si esta resurrección sucede tras la muerte propia de cada individuo o de forma global ante el juicio final y la segunda venida del mesías.

El sentido de vida cristiano promulga vivir de forma acorde a las enseñanzas de Jesús en esta vida, no ya solo para hacer méritos en aquella otra, si no para atraer y sembrar de bienestar y sentido crístico esta vida actual hasta la venida del Cristo. El sentido central del cristianismo es el de “ama a tu prójimo como Dios te ama a ti”, lo que se traduce en términos latinos como Cáritas, sinónimo de amor al prójimo desde las enseñanzas divinas.
En el cristianismo, a diferencia del judaísmo donde está prohibido, se permite la incineración, ritual que, probablemente debido a los continuos problemas de espacio, está teniendo cada vez más aceptación entre los ambientes cristianos.

Los rituales cristianos

Velatorio: Generalmente en una capilla, actualmente en tanatorios, y antiguamente en los propios hogares del fallecido, donde se mantiene el cuerpo de forma pública, al menos una noche, para que los seres cercanos puedan despedirse. En caso de no ser muerte por accidente donde pudiera quedar el cuerpo estéticamente dañado, se suele conservar el cuerpo en un ataúd con la tapa abierta, para que los familiares puedan verle las facciones y quizá entrar en una comunicación con el difunto de forma intima más directa.

Funeral: El entierro sucede acompasado con un culto religioso, misa funeraria, generalmente en la Iglesia, o a pie de tumba en el cementerio, antes de proceder al entierro en sí. Cuando el ritual es incineratorio, éste se reduce a la misa de funeral.
Las muestras de condolencia se le pueden expresar a los familiares durante el velatorio, durante el entierro o en los momentos posteriores. En los países de cultura germánica, existe el rito de juntarse después los familiares a compartir una comida o una cena en un restaurante público, momento en el cual se entablan conversaciones en torno al fallecido y al futuro de los invitados.

Requiem y Panikhidi

Estos son rituales de duelo que ofrecen respectivamente la iglesia católica apostólica romana y la iglesia ortodoxa.

  • Requiem, en memoria del fallecido se establece un culto religioso llamado Requiem compuesto de la misa tradicional más liturgias de oraciones con peticiones hacia Dios para que acoja con benevolencia al fallecido.
  • Panikhidi, en la Iglesia Ortodoxa se establecen estos ritos funerarios  de culto a los tres, ocho y cuarenta días. Se acompañan estos ritos con Salmos, oraciones e himnos para que acompañen el transitar del alma desde esta vida terrenal hacia el nuevo espacio, tras tres días el alma  es acompañada por un ángel protector, durante los siguientes días comparte espacio con otras almas escogidas y elevadas, antes de que se presente ante un dios en forma de juez.

EL ISLAM Y LA MUERTE

Aunque el islamismo es la forma de religión más joven de las tres occidentales, reclama para sí la singularidad y la originalidad correcta de las religiones monoteístas.

El Islam se fue creado por Mahoma (siglo VI d.C.) que es considerado como el ultimo profeta de una saga de mensajeros divinos, en los cuales aparecen Jesús y Moisés, y cuyo primer eslabón lo regenta Abraham.

Al igual que el cristianismo, el Islam fomenta la divulgación y expansión de sus enseñanzas y prácticas más allá de sus lugares de origen.

Según la tradición musulmana, el practicante debe mantener cinco claros preceptos:

  1. Schahada (Credo): aceptar, creer y expresar que su fe en Alá y en Mahoma como su profeta.
  2. Salat (Oración): el musulmán debe orar cinco veces al día, a distintas horas, ysiempreendirecciónasu lugar sagrado yobjetode peregrinación, la Meca.
  3. Zakat (Donativos): cuando al practicante le sea posible, debe dedicar parte de sus beneficios a los más necesitados.
  4. Swan (Ayuno): musulmanes sanos deben ayunar durante el día en el noveno mes del calendario islámico, denominado Ramadám. Durante este periodo, se abstiene de ingerir alimento o bebida alguna, así como de practicar sexo o fumar mientras el sol ilumine el día.
  5. Hadsch (Peregrinación): al menos una vez en la vida el practicante musulmán debe visitar la estación central de su fe, la Meca. Si lo hace en el duodécimo mes islámico, se trata de una gran peregrinación, y se denomina Dhu al-Hijjah, en cualquier otro mes se considera Umrah, una pequeña meditación.

Los rituales mortuorios islámicos

Al igual que en el Judaísmo, en esta religión está prohibido todo lo que no sea enterrar bajo tierra al cadáver.

El entierro se lleva a cabo lo antes posible, preferentemente el mismo día del fallecimiento.

El cuerpo será tratado con una limpieza ritualizada. Esta limpieza la llevará acabo o bien un miembro de la familia o un profesional a ello dedicado, pero siempre será alguien del mismo género que el difunto y de religión musulmana. Tras el lavado se envuelve el cuerpo en un paño blanco que no contiene nudos para no impedir que el alma se viera impeditada a salir. Posteriormente se entierra el cuerpo, en ausencia de atadues, se usan los paños blancos mencionados.

La ceremonia

Antes del entierro se lleva a cabo una breve ceremonia donde los amigos y familiares tienen la ocasión de encontrarse y despedirse del fallecido. Suelen usarse para estas ceremonias o bien la mezquita, el cementerio o el instituto funerario. En esta ceremonia se abre el paño para que los familiares puedan ver una vez más la cara del difunto para iniciar la despedida. En este momento para nada se puede tocar el cuerpo o permitir que las lagrimas de los parientes le alcancen porque significaría salir de la pureza para el defenestrado.
Al finalizar la ceremonia el Imán pregunta a las personas congregadas si el difunto era una buena persona, a lo que todos responden afirmativamente, sin condicionar lo que en realidad pudieran sentir. Luego se pasa a oración del muerto, que finaliza con cuatro veces Allahu Akbar, “Alá es grande”. Luego el cuerpo puede ser enterrado.

El enterramiento

Para el enterramiento en sí el cuerpo es envuelto en un paño y llevado por hombres, generalmente familiares, hasta el lugar donde lo depositan bajo tierra. Allí lo colocan según su tradición, ligeramente escorado hacia la derecha, con los ojos hacia La Meca, los pies dirigidos hacia el sur.
Según esta tradición, cuando todos los seres cercanos han abandonado el lugar, unos ángeles levantarían el alma y antes de acompañarlo al descanso le lanzarían cinco preguntas, a modo de prueba final, que este debería responder adecuadamente: ¿Quién es tu Dios? ¿Quién es tu Profeta? ¿Cuál es tu Libro Sagrado? ¿Quién es tu Imán? ¿Cuál es tu Qibla (dirección de oración)?
Si a estas preguntas se responde con Alá, Mahoma, el Corán, el nombre del Imán y La Meca, entonces el alma encontrará su espacio de calma en su sepelio. Pero la creencia popular indica que por estar recién fallecido el cuerpo pudiera estar aturdido y responder erróneamente a estas cuestiones, aun sabiendo las respuestas, por lo cual el Imán se queda un tiempo a solas en el lugar del sepelio, para orientar y guiar al fallecido a una buena muerte en dirección y sentido a las legislaciones islámicas.
Si responde correctamente estas cuestiones, el cuerpo y su alma pueden descansar tranquilamente en la tierra que le acoge hasta el día del Juicio Final, que contiene muchas similitudes al mismo de la religión cristiana. En ese día se reunirá la humanidad, rendirá cuentas por la vida vivida, y se le asignará un plano en la eternidad, que está dividido en siete subplanos, que van desde el más alto elevado paraíso o Dschannah hasta el profundo infierno o Dschahannam.

Rituales de duelo en el Islamismo

Dado que, al igual que el cristianismo, se trata de una religión muy expandida en el mundo, no existen unos rituales de duelo fijados como los que conocemos del Judaísmo. En general se puede afirmar que la mayor parte del peso de este tipo de rituales, recae en las mujeres: modifican en señal de duelo las prendas que visten (en Oriente Medio se cubren de negro, de blanco en el norte de África); las de menor edad visten este luto durante tres mes, las más ancianas hasta un año.
Las mujeres son también las que al tercer, séptimo y cuarentagésimo día de la muerte, elaboran dulces que luego reparten entre el vecindario y la gente de su comunidad, simbolizando así una petición de que éstos le guarden al fallecido en un “dulce recuerdo”.
En el día 40 además se reúne la familia a leer la historia de Mahoma siendo un día muy intenso para los participantes, por lo general cargado de emociones y lágrimas, porque cuentan con la creencia de que ese día el fallecido regresa para estar cerca de ellos y escucharles.
En algunos lugares existe la tradición que unifica el Islam con el Judaísmo, donde en la jornada de aniversario, los seres queridos colocan una piedra en el lugar del sepelio.

LA MUERTE EN EL HINDUISMO

El hinduismo cree que las metas del ser humano se pueden clasificar en las siguientes cuatro categorías:

  1. Kama (alegría): el sentir plenitud a través de los sentidos, la sexualidad y las artes estéticas.
  2. Artha (metas): la búsqueda de la felicidad mediante la obtención de bienes materiales, el conquistar habilidades, como mejora de objetivos personales y familiares.
  3. Dharma (deber moral): enfocarse hacia la justicia, interna y externa, vivir de acuerdo con las leyes divinas propagadas por los diversos textos sagrados y por las enseñanzas de los sabios.
  4. Moksha (liberación): objetivo es alcanzar la liberación de los bienes que representan las tres categorías anteriores, liberarse de los objetivos y deberes mundanos, de los deseos, y más allá liberarse del ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento, samsara.

A través de ésta liberación es cuando el hindú alcanza la meta final de la vida, entrar en la unidad con todo lo que está más allá de esta realidad, que tiene carácter ilusorio. Mediante esa fusión entre su energía divina y la divinidad absoluta consigue liberarse de sus condicionamientos humanos y transcender la muerte, que lleva a la liberación de todo lo que no es. Es así cómo el cuerpo se libera del karma, un sistema que determina las condiciones de la siguiente vida en la que el cuerpo se reencarnaría.

Para liberarse de ese karma, el hinduismo presenta cinco sendas principales, aunque cada una de ella presenta afluentes, variantes y matices más específicos, pudiendo ser compaginadas en parte entre sí:

  1. Bhakti yoga, el camino de la devoción y la oración.
  2. Karma yoga, la senda de la ayuda al otro, de la acción desinteresada.
  3. Hatha yoga, cuadro de ejercicios físicos y espirituales que trabajan el cuerpo como un templo y como forma de oración a lo sagrado.
  4. Jnana yoga, alcanzar estados iluminados mediante el estudio de las escrituras sagradas, mediante una expansión de corte racional.
  5. Raja yoga, el encuentro con lo sagrado mediante la práctica de actitudes y prácticas meditativas.

La reencarnación en el Hinduismo

La enseñanza básica del hinduismo proclama que lo que somos en la actualidad es un resultado de acciones y decisiones tomadas en el pasado, en otras vidas anteriores, por lo cual, las futuras reencarnaciones estarán determinadas por las acciones, conciencia, y presencia con las que actuemos en ésta.
Cuando el concepto de reencarnación está tan afianzado como lo está en el hinduismo, la muerte no representa más que un breve paso intermedio entre una vida y otra. El ciclo de nacimiento, muerte y vuelta a nacer, Samsara, se produce hasta que el alma que habita y transita por entre las diversas reencarnaciones obre méritos para conseguir la ansiada liberación antes citada. Así la muerte no sería ya más un paso transitorio entre dos cuerpos. Y como ésta se produce mediante méritos, el sentido del duelo por un ser querido está asociado a ayudarle a conseguir una nueva vida que le acerque más a la liberación final.

Rituales de duelo en el hinduismo

Al igual que en el Judaísmo, el manejo del cuerpo defenestrado está muy marcado y ritualizado. Es tema de importancia fundamental en la familia, la gestión propia de éstos rituales.

Cuando una persona entra en una fase cercana a fallecer, los seres queridos se mantienen alrededor suyo, rodeando su cama. Cuando la muerte es más inminente, los familiares lo bajan de la cama al suelo a la vez que recitan oraciones sagradas en sánscrito, mantras, y se intenta que el moribundo beba agua del río Ganges, considerado como río sagrado. Cuando fallece es costumbre que las mujeres entren en un trance de desgarramiento mediante gritos de dolor y pena expresadas con vehemencia.

Tras la muerte se procede a los baños sagrados del cuerpo, envueltos en un paño blanco.

Si se trata de un hombre casado, la viuda despoja al cuerpo los signos de matrimonio que llevara el cuerpo, y lo entrega envuelto en un paño ritual a una mujer más joven que lo custodiará, los hijos masculinos se afeitan el pelo de la cabeza, salvo un mechón.

La ceremonia dura doce días, en los cuales la familia duerme en el suelo y solo ingiere comida vegetariana. Durante esos días por la mañana y por la tarde realizan baños rituales, cantos de mantras y visitan al cuerpo envuelto, que espera ser incinerado en una fecha que un sacerdote determine en base a cálculos astrológicos.

En el día de autos, el cuerpo es embalsamado y cubierto de flores, tras lo cual se le acompaña en procesión a un crematorio. Allí, en muchos lugares en ausencia femenina, se coloca el cuerpo sobre la pila funeraria. El sacerdote o el hijo mayor, si lo hubiera inicia el fuego que consumirá lentamente el cadáver junto a la madera, este proceso suele durar varias horas, espacio en el que la familia se queda cerca del fuego, compartiendo, rezando. Una vez convertido en cenizas la mayor parte del cuerpo (los grandes huesos como la cadera son difíciles de calcinar) estos restos se esparcen en un río, predominantemente el Ganges.

Las familias más adineradas ofrecen tras la cremación porciones de comida a gran cantidad de personas necesitadas, para que ese bien ayude a crear un karma más propicio al fallecido.

LA MUERTE EN EL BUDISMO

Al igual que en el hinduismo, los budistas creen en la reencarnación tras la muerte del cuerpo físico, dependiendo la calidad de la siguiente reencarnación del modo de vida llevado a cabo en las vidas previas, básicamente en la actual, que condiciona en gran medida la siguiente. La intención budista es llegar a conseguir mejora constante a lo largo de estas vidas para poder alcanzar la iluminación. Apuntando que hay dos objetivos, la liberación del samsara, que supone liberarse del ciclo ininterrumpido de existencia sin control; y la iluminación en sí, que además de la liberación convierte al individuo en un Buda, un ser iluminado.

En el budismo se dice que hay una mente y cuerpo muy sutiles, ambos inmateriales, en el que se queda grabada toda la información kármica de todas las acciones físicas, verbales y mentales realizadas vida tras vida, y esa información kármica es la que transmuta de encarnación en encarnación, el conjunto de acciones y tendencias previamente determinadas en la vida pasada proyecta y condiciona las actuales y las futuras.

Es por ello que para el budismo la interrupción de entre una vida y otra adquiere mayor relevancia, dado que implica un corte en lo que la existencia de ese como tal tenía. El ciclo de reencarnación y muerte se mantiene tanto tiempo como sea necesario que ese karma precise para obtener la iluminación.

Habitar un cuerpo humano tiene un valor añadido de preciosidad para el budismo, dado que es, en relación a todas las criaturas vivas que existen, un estado muy escaso, y sobre todo, porque el ser humano presenta condiciones óptimas para generar más acercamiento a ese estado de iluminación.

Los rituales mortuorios budistas

Dadas las diversas corrientes budistas existentes, se presentan varios ritos que se diferencian en gran medida y forma de los cercanos hindistas.
Las dos grandes corrientes budistas principales son Hinayana, o Pequeño Vehículo, y Mahayana, Gran Vehículo, más una tercera vía, Vajrayana, o Vehículo Rápido, o camino del tantra.

Las principales se diferencian básicamente en su acercamiento a los ideales, los cuales son:El Aharant, del Hinayana, que pone gran atención a la iluminación individual en una sola vida, como Buda, por lo cual el énfasis está en una serie de coordenadas de orden y preceptos personales, individuales de cada sujeto.

El Bodhisattva, del Mahayana, en el cual el potenciamiento y la compasión hacia los demás seres vivientes juega un papel primordial. Esta escuela trata del individuo que busca iluminarse para poder bendecir y ayudar a todos los seres sin excepción motivado por la gran compasión, el deseo de que todos los seres se liberen del sufrimiento

Aunque debido a sus orígenes hinduistas, el budismo acostumbraba a incinerar los cuerpos al igual que su religión precursora, dado que las enseñanzas de Buda rápidamente se expandieron a culturas y paisajes alejados de la India, como los tibetanos y más orientales, donde la carencia de madera es significativa, se estableció la costumbre de “enterramientos celestiales”, es decir, en el cual se deposita el cuerpo en altos parajes, ofreciendo como los restos a los animales depredadores que allí habiten. El budismo acepta ambas formas de funeral, según las necesidades tanto familiares como del lugar, que tienen que contar y respetar también la legislación vigente en cada país.

Según ambas tradiciones búdicas, para favorecer un tránsito a una situación más propicia, es de un factor fundamental el estado de conciencia en el que se encuentre la persona en los momentos antes de fallecer, es por ello que, fundamentalmente en la tradición Mahayana se desarrollen rituales, cantos y procesos que ayuden al cuerpo a una transición más propicia, a subir un peldaño más en la escalera de evolución de camino hacia la iluminación, o Nirvana.
Estos rituales se manifiestan las enseñanzas del Bardo Thodol, más conocido en occidente como el Libro Tibetano de los Muertos. Este ritual se basa en un proceso de recitado de textos, mantras y oraciones durante siete semanas, que son 49 días, que es el máximo de tiempo según el budismo que se tarda en encontrar una nueva reencarnación. En estos 49 días estos recitados acompañan a la conciencia a facilitar un tránsito fluido hacia la nueva vida, con peticiones, ruegos, oraciones, que suelen ser dirigidos por monjes especializados, aunque en la actualidad los ritos los pueden realizar también practicantes laicos, acompañados por los familiares, generalmente en el ultimo día, donde el encuentro entre monjes y seres queridos finaliza el proceso, y sirve a la par a éstos a una mayor comprensión y alivio de la muerte vivida.

El proceso y las señales de la muerte según el budismo.

En el tema llamado Percibiendo el Final abordaremos las distintas señales que se experimentan en el proceso de morir y otras cuestiones relacionadas. Aquí apuntamos lo que el budismo expresa en sus textos milenarios.

La estructura de estos temas en general no permite tratar ni profundizar en todas y cada una de las investigaciones y conclusiones que cada religión o corriente espiritual tiene al respecto, dejando que cada cual indague aquello con lo que conecte y sea más afín. Vamos a exponer de forma resumida la perspectiva budista del proceso de la muerte.

Se trata de un enfoque muy particular que viene de una cultura milenaria con más 2.500 años de antigüedad que aporta la sabiduría ancestral de los grandes y experimentados eruditos budistas indios y tibetanos que han transmitido las enseñanzas de generación en generación, avalados por la propia experiencia de profundos meditadores que han logrado niveles de consciencia muy elevados con lo que han podido relatar y mostrar estas enseñanzas tan reveladoras.
Hemos de considerar los siguientes párrafos como un mapa y tomar aquello que nos interese sin dogmatismos ni rigideces, sólo observar aquello que nos puede aportar y soltar aquello con lo que no estemos de acuerdo o sintamos resistencia.

Si existe alguna posibilidad de que nos “anticipemos” a lo inevitable, de tener algún tipo de señal que nos permita comprender que nuestro final está cerca, es posible que nuestra vida se transforme completamente y empecemos a disponer nuestra vida, a resolver aquello importante que hemos ido posponiendo, en definitiva, que nos preparemos para nuestro final inexorable e ineludible con diligencia y sensatez.

En el budismo se identifican dos tipos de señales según su cercanía en el tiempo. Así tenemos las señales distantes que, como su nombre indica, ocurren mucho antes de tener cualquier síntoma o enfermedad, por lo que son difíciles de asumir, interpretar o aceptar, pero dicen que aparecen entre tres y seis meses antes de morir.

Las señales físicas son muy variadas y no tienen que ocurrir en cierto orden ni que ocurran todas, son significativas si se repiten en el tiempo (1): “tener hipo de manera continuada mientras se defeca u orina; el no poder escuchar el zumbido que se oye al taparnos los oídos; el que la sangre no vuelva con rapidez a las uñas tras haber ejercido cierta presión sobre ellas; tener hipo al realizar el acto sexual; en el caso de la mujer, perder gotas blancas en vez de rojas al realizar el acto sexual y , en el caso del hombre, gotas rojas en vez de blancas; perder el sentido del gusto o del olfato sin razón alguna; espirar aire frío; al echar aliento sobre la mano, sentirlo frío en vez de cálido; el que la lengua se encoja, sintiendo como si estuviera enrollada o hinchada, y no poder ver su punta al sacarla; en la oscuridad, no poder ver formas y figuras de colores al apretar con el dedo la parte superior del ojo de manera que el globo ocular sobresalga un poco hacia afuera; tener la alucinación de ver un sol por la noche; por la mañana, bajo el sol, no poder ver en la sombra de nuestro cuerpo corrientes de energía fluyendo de nuestra coronilla; no poder segregar saliva en la boca; el que la punta de la nariz se meta hacia dentro; el que aparezcan manchas negras en los dientes; y el que los globos oculares se hundan más de lo normal en las cavidades de los ojos.” También se mencionan otras señales mentales: “un cambio en nuestro carácter, por ejemplo ser agresivos cuando, por lo general, somos amables y tranquilos, o lo opuesto; el dejar de gustarnos el lugar donde vivimos, nuestros amigos u otros objetos de apego sin motivo alguno; sentirnos tristes sin razón; y el que nuestra sabiduría e inteligencia sean menos claras y poderosas que antes.”

Incluso se nombran señales oníricas: “soñar varias veces que nos caemos de una montaña, que estamos desnudos o que viajamos solos en dirección hacia el sur a través de un desierto.”

Las señales cercanas de la muerte hacen referencia a como los elementos esenciales que compone el cuerpo se va disolviendo de uno en el siguiente hasta completar la separación de la consciencia del cuerpo. Se explican tanto las señales físicas externas como las internas que percibe la mente. Puesto que las internas pueden llevar cierta confusión y habría que explicar las diversas visiones que surgen, nos vamos a centrar en los aspectos externos.

“Primero se disuelve el elemento tierra del cuerpo: la señal externa de esta disolución es que el cuerpo adelgaza;”
“A continuación, se disuelve el elemento agua: el signo externo es que la boca y la lengua se secan, y los fluidos del cuerpo tales como la orina, la sangre y el semen disminuyen;”
“Después se disuelve el elemento fuego: la señal externa de esta disolución es que el calor del cuerpo disminuye y la zona alrededor del ombligo, el lugar donde se produce el calor del cuerpo, se enfría;”
“A continuación se disuelve el elemento aire: la señal externa es una reducción del movimiento, debido a la pérdida de la fuerza de los aires que fluyen por los canales de energía del cuerpo y que nos hacen generar las mentes burdas;”
Es entonces cuando cesa el movimiento físico, se deja de respirar y el corazón ya no late, consideramos que la persona ha fallecido, pero según la tradición budista la consciencia aún no ha abandonado el cuerpo. Este último proceso puede llevar más o menos tiempo y se indica la última señal física: una gota blanca emerge por la punta del órgano sexual y una gota roja sale por los orificios nasales. Es entonces cuando se considera que el proceso de la muerte ha concluido y la consciencia ha abandonado el cuerpo.
(1) Textos extraídos del libro: Una vida con significado, una muerte gozosa. G.K. Gyatso

LA MUERTE EN EL TAOISMO, UN RIO QUE VUELVE AL OCEANO

El taoísmo es la corriente filosófica que se basa en las escrituras de varios libros sagrados, entre los cuales el más reconocido es el Tao Te King. Promulga una comunión o fusión del ser humano con la naturaleza, viviendo acorde a las leyes de esta, y no a la inversa. Tao significa Camino, y promulga que el hombre pueda vivir lo más sano y sencillo posible, sin trucos artificiales, autoengaños o deseos materiales excesivos.

Es por ello que la visión de la muerte que el Tao propone es sumamente interesante a la hora de buscar alternativas equilibradas y armoniosas al respecto.
La muerte según el Tao es un fenómeno absolutamente normal, se le concede el grado de transformación y de retorno a la unidad, al orden natural que existía antes de habitar en este cuerpo.

Si se observa la muerte como una transformación, como una vuelta a la esencia, se le dota a esta en digna y necesaria a la vez. Una vez que el cuerpo deja de transitar por los mundos físicos y materiales, su estado natural es de nuevo la unidad, la esencia que desde tantos estamentos se anhela conseguir.

En el Taoismo surge de forma natural, teniendo en cuenta los siguientes principios:

  • El ser humano es parte fundamental del sistema ecológico, en el cual aporta vida.
  • El sentido de la vida humana es cuidar, mantener y aportar valor a la naturaleza de la que forma parte.
  • Todo ser viviente de este sistema tiene su importancia y su espacio, y su bienestar, crecimiento o aniquilación dice mucho del sistema en el que se encuentra.
  • Todo  ser humano tiene el deber moral de cuidar el medio ambiente   en el que se encuentra, su entorno más inmediato, y el hábitat natural, haciendo lo que le sea posible para mantener la variedad de vida de las especies con las que cohabita.
  • Vida y muerte son partes fundamentales del cuidado de este proceso,   y aportación fundamental, ambas, para que la vida y la naturaleza continúen cumpliendo sus ciclos.

El Taoismo promulga que la muerte no es más que un paso más de la vida, de una vida en la que sabemos tan poco de lo que sucede después como lo que sucede antes de nacer, siendo lo importante y fundamental un paso higiénico y saludable, fundamental para que la vida y la naturaleza continúen.

Afrontar la pérdida desde un punto de vista taoísta invita a encontrar alivio tanto al que parte como a los que se quedan viendo esta partida, no como una pérdida, si no como una vuelta a su origen innato, como dice el Tao Te King “un rio que fluye de vuelta al océano de donde salió.”

Preguntas para reflexión

Si tuvieras que sintetizar en unas breves palabras la esencia del enfoque de las diversas corrientes citadas en el texto, ¿cuáles serían?

¿Qué te aporta de novedoso el planteamiento de estas corrientes?

¿Qué podrías incorporar como objeto de mejora en tu enfoque de la muerte y el duelo, basándote en los principios expuestos?

¿Qué planteamientos o visiones de la muerte citadas pueden enriquecer tu propia visión de la muerte? ¿Por qué?

Claves

  1. Todas las diversas corrientes tanto religiosas como filosóficas han tratado de dar sentido y forma al fenómeno de la muerte.
  2. La muerte en gran parte de la sociedad moderna, sin embargo, ha sido tendente a evitar una mirada directa y abierta.
  3. El judaísmo cree en tres diversas posibilidades que le suceden al alma una vez el cuerpo fallece, se separa del cuerpo y queda a la espera al Mesías, se queda en el cuerpo, por lo que se hacen rituales de separación y liberación, o se pudre en el cuerpo.
  4. El duelo judaico está estructurado en claros procesos, desde el día uno, siete, treinta días, hasta la fecha del primer aniversario.
  5. El cristianismo basa su creencia en la muerte en la confianza de la vida más allá.
  6. El axioma cristiano “ama a tu prójimo como a ti mismo” sirve no sólo para hacer méritos para la próxima vida, si no para mejorar la calidad de la vida terrenal.
  7. Velatorio, funeral, novenas, son fases del duelo ritual cristiano.
  8. Según el Islam cuando todos los seres cercanos han abandonado el lugar, unos ángeles levantarían el alma y antes de acompañarlo al descanso  le lanzarían cinco preguntas, a modo de prueba final, que este debería responder adecuadamente: ¿Quién es tu dios? ¿Quién es tu profeta? ¿Cuál es tu libro sagrado? ¿Quién es tu Imán? ¿Cuál es tu Qibla (dirección de oración)? Responder correctamente a estas cuestiones facilita el tránsito.
  9. La enseñanza básica del hinduismo proclama que lo que somos en la actualidad es un resultado de acciones y decisiones tomadas en el pasado, en otras vidas anteriores, por lo cual, las futuras reencarnaciones estarán determ Al igual que en el hinduismo, los budistas creen en la reencarnación tras la muerte del cuerpo físico, dependiendo la calidad de la siguiente reencarnación del modo de vida llevado a cabo en las vidas previas, básicamente en la actual, que condiciona en gran medida la siguiente. La intención budista es llegar a conseguir mejora constante a lo largo de estas vidas para poder alcanzar la iluminación.
  10. Al igual que en el hinduismo, los budistas creen en la reencarnación tras la muerte del cuerpo físico, dependiendo la calidad de la siguiente reencarnación del modo de vida llevado a cabo en las vidas previas, básicamente en la actual, que condiciona en gran medida la siguiente. La intención budista es llegar a conseguir mejora constante a lo largo de estas vidas para poder alcanzar la iluminación.
  11. La muerte según el Tao es un fenómeno absolutamente normal, se le concede el grado de transformación y de retorno a la unidad, al orden natural que existía antes de habitar en este cuerpo.

Fuente: www.escuelatranspersonal.com

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