“Al final, solo se tiene lo que se ha dado” (Isabel Allende)

Pocas satisfacciones igualan a la de ayudar a otra persona, acompañarla, compartir su carga y entregar nuestro tiempo y energía sin esperar nada a cambio.

El voluntariado se define como el conjunto de personas que en el marco de la organización fundacional se comprometen de forma libre y desinteresada a colaborar con proyectos y actividades de la Fundación con el objetivo de contribuir a la mejora de la salud y el bienestar de las personas.

Del mismo modo, es nuestra responsabilidad proporcionar la formación adecuada para garantizar una buena actuación. La experiencia voluntaria busca ser un intercambio. El voluntario aporta su trabajo, su entusiasmo, su tiempo, habilidades y experiencia mientras que, la Fundación le ofrece recursos, formación, apoyo y seguimiento, así como un seguro como parte de su convenio de voluntario. Una colaboración en la que cada parte da lo mejor de sí, buscando el mayor beneficio de los destinatarios.

El voluntariado representa un elemento fundamental para contribuir a la mejora de la calidad de vida del enfermo terminal, pudiendo cubrir,  cuando un núcleo familiar no está disponible,  las necesidades de amistad, solidaridad y compresión, tan importantes como el propio alimento.

El enfoque del proyecto Al Final de la Vida y de nuestra formación al voluntariado entiende que es importante que los voluntarios contemplen esta fase final de la vida del enfermo como una época positiva, con un sentido por descubrir, para contribuir así a que el enfermo encuentre la positividad y el sentido del momento presente.

Mientras que el desarrollo de los cuidados paliativos presenta grandes progresos en el ámbito de la medicina, son usualmente las necesidades psicosociales las que no son atendidas. Este tipo de necesidades como por ejemplo miedos a sentirse abandonados por sus seres queridos o a sentirse solos y perder la razón puede ser mitigadas con la presencia de voluntarios. Por ejemplo, un estudio francés analizó las dificultades que habían experimentado enfermos, concluyendo que los factores de tipo social y psicológico suponían el 70%, mientras que el 30% eran de carácter médico.

Entendemos que el dolor no puede solo asociarse a lo físico ya que son múltiples los factores emocionales, familiares, psicológicos y espirituales que entran en la ecuación y que pueden ser mejorados gracias a la labor de personas voluntarias. No obstante, el enfoque del voluntariado de nuestro proyecto no entiende que la labor del voluntario se reduzca a acompañar al enfermo para contrarrestar su soledad, sino que le pueda dotar de herramientas para que este afronte el periodo final de su vida como una fase de preparación y autorrealización, en vez de derrota y pérdida.

Nuestro proyecto busca promover un entendimiento de una muerte consciente, que permita una mejor compresión de lo que le sucede al enfermo, en lugar de una huida, pudiendo progresivamente y gracias al apoyo de los voluntarios al aceptar su estado, liberar ciertas preocupaciones y centrarse en aquello que ha dado sentido a su vida.

Desde 2010 que la Fundación Vivo Sano inició su andadura, muchas personas han colaborado de forma desinteresada en diferentes proyectos. Ahora tienes la oportunidad, si así lo deseas, de formar parte de Al final de la Vida y brindar tu apoyo a otros.