Cuaderno 8
Generar la atmosfera del lugar.

Sea donde sea que se encuentre el paciente terminal, en la propia casa o en una habitación de hospital, existe una premisa primordial y fundamental: El lugar debe estar concebido de forma cálida y acogedora para el paciente.
Es fundamental usar todos los recursos posibles para que el paciente se sienta cómodo y dentro de lo posible, seguro.
Es probable que aun quede mucho por hacer al respecto en algunos entornos hospitalarios, pero cada vez hay más tendencia a cuidar y permitir los detalles que le creen al enfermo terminal una sensación hogareña.
Son esos pequeños detalles que crean un ambiente cercano, tales como fotos de seres o lugares queridos, puestos por las paredes, a la vista del paciente.
A la hora de decorar el entorno es recomendable ponerse en la situación visual del paciente, para ver qué es lo que percibe en su campo visual, teniendo en cuenta el aspecto de que el enfermo terminal estará en esa posición mucho tiempo, días, semanas, quizá incluso meses.
Las fotos al final de la vida cobran una vital importancia, así como objetos preferidos por el paciente, y si es posible material de cama, como las mantas o sábanas favoritas del enfermo ayudan a crean un ambiente cercano y confortable.
En este caso es mejor preguntarle de más que de menos al paciente por sus deseos estéticos. Tener cerca detalles como su perfume favorito o incluso la pasta de dientes que suele usar, cobran un aspecto de apoyo emocional de revelante importancia.
Si la situación alimenticia lo permite, los pacientes suelen recibir con agrado el poder comer, o incluso a penas oler o ver, sus platos favoritos. Así que, en caso de desconocer sus gustos, no se dude en preguntarle y tratar de facilitar todo lo posible la alimentación que emocionalmente asocia con buenos momentos o con algo positivo.
Dado que en ocasiones los pacientes refieren una sensación de volver a casa, de aspectos infantiles, es bueno preguntarles por sus platos preferidos de la infancia, y si son factibles, gestionar que se elaboren.
No importa si la situación no permite ingerirlos, los platos elaborados y puestos a la vista del paciente, atraen recuerdos, emociones, sensaciones, olores y colores que activaran algún tipo de emoción positiva en todo el proceso.
También es factible tratar de colocar aromas en la sala que le gusten al paciente, hay estudios que refrendan que de los cinco sentidos, el del olfato es el último que se pierde en la paulatina progresión de pérdida de los sentidos.
Quizá haya lugar en la habitación del paciente para cosas personales suyas que anteriormente se encontraban en otra habitación. Hay que tener en cuenta que quizá el paciente asocia algo muy bello con algún cuadro de otra habitación, pero que es probable que no pueda ver o disfrutar si está tumbado a largo plazo en la cama de la habitación dormitorio.
A algunos pacientes les gusta tener un periódico cerca, o incluso contacto con las redes sociales, o la televisión. Cualquier deseo del paciente ha de tratar de ser evaluado y ver la posible consecución del mismo. Hay que tener en cuenta que estamos tratando con la fase de partida del enfermo, no de su entorno, y pudieran diferir mucho los deseos de uno y otro, pero aquí lo que prima son los deseos del paciente.
En ello también se incluyen los gustos musicales, que pudieran no coincidir, pero que son también de vital importancia a la hora de crear un clima de tranquilad, relajación y felicidad. No se trata sólo de escuchar música relajante, que puede ser una opción, si no más de la música que el paciente prepondere.
En muchos casos, los pacientes expresan qué tipo de canciones querrían que se escuchara en su funeral. Pues igualmente se les puede activar consultar qué tipo de música quieren escuchar en la habitación donde atraviesan el proceso terminal.
Cuantos más deseos del paciente sean tomados en cuenta y cumplidos, cuanta más sensación de atención sienta el paciente recibir, tomando en serio sus gustos y necesidades, más se relajará, más ambiente cercano se creará y más aumentará la calidad de vida.
La colocación de la cama es fundamental. Es importante que no esté de espaldas a la puerta, para que el enfermo sienta que ve a quien está llegando, Porque genera inseguridad no ver los movimientos que suceden detrás de unos mismo.
Tratar de que la visión panorámica del paciente comprenda alguna ventana, algún paisaje externo ayuda mucho a la hora de permitir que con la mirada perdida en la vida que continua, las nubes, los árboles, los días, las noches, reflexione más sobre sí mismos.
Si el tamaño de la habitación es muy pequeño y hay que reorientar muebles para dar espacio a las nuevas necesidades y peticiones del paciente, se pueden separar dos espacios con un cortavientos. Si las visitas vienen de detrás de la misma, es de gran ayuda que entren anunciando su nombre, para que al paciente no le coja desprevenido, lo cual no es grave en una ocasión, pero genera un estado de alerta posterior duradero.
También es importante sacar de la habitación objetos con los que el paciente relaciona algo duro o difícil. Símbolos o materiales que le generen al paciente algún tipo de conflicto, como fotos de personas con las que estuviera enemistadas, crean una tensión a varios niveles, consciente e inconsciente, innecesarios.
A veces requiere algo de talento negociador con los responsables de la habitación si se trata de un entorno sanitario, o con los demás familiares si es en su casa, pero el permitir al paciente encontrarse con aspectos, objetos o fotos que le generen recuerdos hermosos, hace que en muchas ocasiones se les enciendan el brillo de los ojos, o que comiencen a sonreír, y todo ello en un entorno terminal es de inapreciable valor.

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