Cuaderno 5
¿Qué aspectos hay que tener en cuenta a la hora de gestionar el duelo de un niño?

Antes que nada tener en cuenta que los niños siguen siendo niños también en éstas fases de tiempo fuera de lo normal. Los padres, que también estarán probablemente afectados por la pérdida, a menos que ésta sea de algún compañero del colegio del niño, son padres también, y tienen la responsabilidad de escuchar, de marcar los tiempos de lo que es factible y lo que no en una fase de duelo infantil.
En muchas ocasiones los niños se salen de su papel lógico y sano, por falta de estructuras que le den seguridad en un entorno en el que todo se tambalea, por lo que es importante generar por parte de los adultos estructuras donde el niño se pueda sentir seguro, donde pueda continuar ejerciendo rituales cotidianos como ir al colegio, deporte, horas de sueño, etc..
Hay aspectos de la vida cotidiana que no tienen porqué verse afectados por la situación, tales como los estudios, participar en las actividades deportivas de las que formaba parte, encontrarse con amigos, jugar. Cierto grado de normalidad ayuda al niño a atravesar el trance de una fase fuera de lo ordinario y conocido.
Es importante también permitirle fases de tristeza, cuando aparezcan no taparlas, no esquivarlas, permitirle y permitirse las lágrimas.
Dentro de un espectro que el niño pueda entender, es recomendable tratar de darle respuestas a sus preguntas, en la medida en la que el adulto tenga esas respuestas, evitar generar tabús, o zonas oscuras de conocimiento donde el niño sepa que de eso no se puede tratar o hablar.
A su vez es conveniente respetar los silencios del niño, muchos de ellos buscan refugio en un juego, en un muñeco, en una actividad y se niegan a expresar mediante la palabra su situación emocional actual. De ser así, conviene no forzar la expresión, si no proponer un espacio en el que el niño se sienta escuchado y capaz de expresar si quisiera en un futuro expresar algo de lo que está sintiendo.
Es importante darse cuenta de que los límites del niño son diferentes de los de un adulto, en ocasiones puede acercarse con el desparpajo propio de su inocencia infantil a un serio tema mortuorio, y en otras se puede encontrar totalmente superado ante el despliegue de emociones y desgarro que pudieran expresar los adultos. Por ello es importante respetar los limites de lo que el niño está en condiciones de afrontar y a la vez transmitirle esa sensación de saber que sus limites serán escuchados y respetados.
El niño puede participar de los diversos espacios del los rituales previos y posteriores al fallecimiento del ser querido si se le expresa y prepara para lo que va a suceder, dando siempre la opción a consultarle a él mismo si quiere participar o no en según qué ritual, poniendo atención que un excesivo desgarro familiar es algo nuevo para el niño, algo que debe saber colocar y orientar en su mundo interno.

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