Acompañar a un paciente terminal es una experiencia vital de gran importancia.

Cuando un ser humano está partiendo está escribiendo las últimas páginas del libro de su vida, de una vida llena de capítulos, experiencias y vivencias. Poder ser testigos de esas últimas páginas es un privilegio y regalo que nos hace la vida y ese ser con su confianza.

Valorar y honrar ese sagrado momento, permite ver lo que está sucediendo como un lujo y un regalo de ser testigos de ello.

Como recogen los derechos del paciente terminal, toda persona tiene el derecho a morir con dignidad. Aunque es obvio y deseable no siempre es así. Para ello intervienen muchos factores, tales como situación geográfica del paciente, acompañamiento médico, comunicación y relación con su entorno, la disponibilidad tanto de mecidas de reducción del dolor, no siempre accesibles en según qué culturas, y sobre todo apoyo del personal humano que está a pie de cama, que incluye a cuidadores, pero sobre todo al entorno familiar.

Es por ello que sería conveniente que el personal cercano, léase familiar, sepa gestionar el acompañamiento, se informe, se forme, escuche, acompañe, en definitiva, vea el proceso de acompañamiento, cuidado y despedida como un lujo y regalo que permitirá aprender mucho de aspectos de la vida, que les hará crecer a todos.